Casa rural en Ávila

Casa rural en la Sierra de Ávila, el Amblés o La Moraña

Llanura de trigo dorado al atardecer con una iglesia de ladrillo con arcos ciegos y torre cuadrada en medio del campo

La mitad norte de la provincia recibe menos visitantes que Gredos. Para quien busca casa rural, eso es casi siempre una ventaja.

Son tres zonas muy distintas entre sí, unidas por una cosa: aquí se viene a estar más que a hacer. Hay menos rutas señalizadas y menos piscinas naturales, y mucho más silencio.

El Valle del Amblés

Es el valle que se abre al oeste de Ávila capital, entre la Sierra de Ávila y la de La Paramera. Llano, con prados y el río Adaja en el fondo, y pueblos a poca distancia de la ciudad.

Una casa rural en el Amblés tiene una ventaja clara: Ávila está al lado. Se puede cenar en la ciudad, ver la muralla iluminada y volver a dormir al campo. Para quien quiere combinar visita urbana y descanso rural en un fin de semana corto, es la mejor zona de la provincia.

La Moraña

Al norte, la provincia se aplana del todo. La Moraña es tierra de cereal, con pueblos de adobe y ladrillo, iglesias mudéjares y horizontes que no se acaban. Arévalo y Madrigal de las Altas Torres, donde nació Isabel la Católica, son sus pueblos más conocidos.

No es zona de casa rural de montaña. Es zona de casas grandes de labranza, a veces con patio o corral, en pueblos llanos donde se puede ir en bicicleta de uno a otro. En verano, el calor de mediodía aprieta; las tardes, en cambio, son largas y muy luminosas.

La Sierra de Ávila

Cerrando el Amblés por el norte se levanta una sierra baja, de granito y encinas, con bolos de piedra por todas partes y pueblos muy pequeños. Es la zona menos conocida de las cinco, y quizá la más tranquila.

Aquí la casa rural es casi siempre una casa de pueblo restaurada, en un sitio donde los vecinos se conocen todos. Sirve para desconectar de verdad, para caminar por pistas entre fincas y para ver el cielo de noche sin luces alrededor. Para lo demás, Ávila capital queda a una distancia razonable en coche.

Ortigosa de Rioalmar, como ejemplo

Un ejemplo de lo que ofrece esta sierra es el municipio de Manjabálago y Ortigosa de Rioalmar. Ortigosa está junto al río Almar, que va a dar al Tormes, y su historia más contada es la de santa Teresa: pasó allí una temporada de joven, en casa de un tío, y tras su muerte en Alba de Tormes, en 1582, su cuerpo descansó en el pueblo a la ida hacia Ávila y otra vez a la vuelta. De ahí que digan que estuvo «dos veces viva y dos veces muerta».

Manjabálago, el otro pueblo, tiene la iglesia de San Miguel arcángel, una antigua fuente romana y la leyenda del dragón vencido por el arcángel, que es su símbolo.

Para alojarse, el municipio tiene varias opciones, y la web del Ayuntamiento de Manjabálago y Ortigosa de Rioalmar las reúne en un solo sitio. Es la mejor forma de ver qué hay en una zona donde los buscadores grandes casi no llegan.

Cuál elegir

El Amblés, si queréis la ciudad cerca. La Moraña, para paisajes abiertos y pueblos con historia de reyes.

La Sierra de Ávila, si lo que buscáis es una casa en un pueblo pequeño donde lo más ruidoso del día sea el campanario. Para el sur de la provincia, mirad Gredos y el Valle del Tiétar.

También en esta web: Casa rural en Gredos o en el Valle del Tiétar